Paseo por la Psicosis

Qué onda, queridos lectores. Es el Chino de nuevo.

Tuve un momento de claridad hace un rato y me puse a pelotear ideas con Gemini. De la charla surgió algo bastante denso. Como recordarán, en mi última anécdota les contaba sobre un brote psicótico brutal que me atravesó hace tiempo. Así que, por pura curiosidad científica y existencial, le pedí a la IA que me arrojara el Top 5 de las psicosis más pasadas de lanza que existen.

Me dejó helado encontrar en las descripciones de estos delirios patrones que, honestamente, he experimentado en carne propia más de una vez. Les dejo el reporte de la IA y, abajo, continúo con mi testimonio.

TOP 5: Delirios más ondeados según la IA

  1. Delirio de Cotard (Síndrome del Cadáver Viviente)

    • La creencia: La convicción absoluta de estar muerto, de que los órganos internos se pudren o de que el alma, la sangre y el cerebro han desaparecido por completo.

    • El elemento paranoide: Nace de una culpa y una ansiedad destructivas. El paciente cree que una fuerza superior o malevolente lo ha privado de la vida como castigo por un crimen imperdonable.

    • Caso extremo: Personas que se dejan morir de hambre argumentando que un cadáver no necesita alimento, o que exigen ser internadas directamente en la morgue.

  2. Delirio de Capgras (El Síndrome del Impostor)

    • La creencia: El individuo está convencido de que un familiar cercano, su pareja o un amigo íntimo ha sido secuestrado y reemplazado por un doble idéntico, un impostor o un ente alienígena.

    • El elemento paranoide: Dominado por una desconfianza absoluta, el paciente percibe al «impostor» como una amenaza directa o parte de una conspiración para espiarle o destruirlo.

    • Caso extremo: Pacientes que atacan o asesinan a sus seres queridos creyendo genuinamente que están ejecutando un acto de legítima defensa contra una amenaza disfrazada.

  3. Delirio de Fregoli (El Maestro del Disfraz)

    • La creencia: La persona cree que distintas personas con las que se cruza en su día a día son, en realidad, un mismo perseguidor que cambia constantemente de apariencia.

    • El elemento paranoide: Paranoia persecutoria en su máxima expresión. Un desconocido en la calle, el cartero y el médico son vistos como el mismo sujeto usando prótesis o maquillaje para seguirle los pasos.

    • Caso extremo: Aislamiento total, ventanas tapiadas o enfrentamientos violentos en la vía pública contra desconocidos, acusándolos de llevar máscaras.

  4. Licantropía Clínica

    • La creencia: La convicción de que el cuerpo se está transformando —o se ha transformado ya— en un animal: lobo, perro, hiena o bestia de carga.

    • El elemento paranoide: Se mezcla con ideas de persecución: el paciente siente que fue maldecido, infectado por un experimento gubernamental o que es cazado por depredadores.

    • Caso extremo: Registros de personas que se desnudan, andan a cuatro patas, comen carne cruda o hierba y le gruñen al personal médico, convencidas de que su anatomía humana ha dejado de existir.

  5. Delirio Somático de Inserción y Control Externo

    • La creencia: La certeza de que objetos extraños, microchips, parásitos o tecnología extraterrestre han sido implantados en el cuerpo para manipular las acciones, robar los pensamientos o gobernar el sistema nervioso.

    • El elemento paranoide: La creencia de que una entidad poderosa (servicios de inteligencia, alienígenas o sociedades secretas) utiliza al individuo como conejillo de indias.

    • Caso extremo: Intentos de autocirugía con cuchillos o navajas de afeitar en casa para extirparse microchips, antenas o parásitos inexistentes de debajo de la piel.

De todos estos puntos, me identifico cabrón con el Síndrome de Capgras. No sé si a algunos de mis lectores les tocó ver unos livestreams que hice en Facebook hace tiempo, donde decía cosas muy extrañas sobre estar secuestrado. Bueno, esa vez me dio una crisis durísima de este síndrome: sentía que mi propia familia eran otras personas usando una especie de máscaras hiperrealistas y que me tenían en cautiverio.

También me pasa algo muy curioso con la gente: siento que están "repetidos". Cuando conozco a alguien nuevo, a veces me da el feeling de que en realidad es alguien a quien ya conozco, pero bajo otra manifestación de la misma esencia. Esto me ha llevado a teorizar que en este plano no existe tanta gente real; más bien hay un número limitado de moldes, y la mayoría de las personas son solo una variación de la instancia y la esencia original. Puros assets reciclados en el motor gráfico.

Por otro lado, el trip de las cámaras me pegó fuertísimo durante años. De hecho, ese fue el primer brote psicótico pesado que empecé a experimentar. Llegué a pensar que en la empresa donde trabajaba todos eran actores contratados; incluso había un chavo que según yo era "mago" e implementaba sus trucos para mantenerme a raya.

La razón por la que terminé escribiendo esto hoy es porque hubo un glitch en mi rutina, una serie de eventos —que espero hayan sido aleatorios— que detonaron mi paranoia:

  1. Se me acabaron misteriosamente los créditos de mi cuenta de GitHub Copilot.

  2. Pedí un Uber, llegó un vato, pero el carro no coincidía con el de la app, así que prefirí no subirme.

  3. Fui al OXXO y mi tarjeta rebotó sin razón.

Leyendo sobre el tema, entiendo que la paranoia funciona así: detecta eventos completamente neutrales y los procesa como anomalías amenazantes. Y eso es lo que me pasa todo el tiempo. Estoy sobreestimulado; mi instinto de pelea o huida se la pasa gritando en segundo plano. Ya lo había escrito en otra entrada donde bromeaba con que mi secreto para encarar la vida es que siempre tengo miedo, solo que aprendí a codificar mi día a día con eso encendido.

Pero bueno, al final del día me da cierto gusto saber que sufro de una psicosis de nivel "famosa" y de alto perfil. Si vamos a estar ondeados, por lo menos hay que estar en el Top Tier. Ahí la llevamos.

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