La virtud de lo aesthetic

Los gustos de una persona dicen mucho sobre ella. Como usuario recurrente de apps de citas, tengo una dinámica de selección: el aspecto físico importa, claro, pero un filtro determinante siempre ha sido su lista de Spotify y los artistas que escucha.

Cuando conozco a alguien con "buenos gustos", suele ser más fácil entablar una conversación. Mi argumento siempre ha sido que, si posees una inclinación por la música elaborada, es porque has desarrollado una visión más profunda de la estética y el arte, lo que te permite disfrutar de contenido con mayor nivel de complejidad. Llevo tiempo enfocado en la música; dejé de ver series y películas porque el estado actual del entretenimiento me parece bastante mediocre y prefiero dedicar mi tiempo a buscar nueva música.

El título de este texto busca provocar porque, de cierta manera, yo asumía que tener un gusto refinado era una especie de virtud moral. Sin embargo, hablando con una amiga hace poco, me presentó una perspectiva diferente. Me dijo: "Ha habido muchos músicos super virtuosos que han sido pésimas personas". Me puse a evaluar su punto y caí en la cuenta de que tiene razón.

El primer amigo que conocí con un gusto musical verdaderamente excelente fue Fernando, a quien he mencionado en textos anteriores. Tenía una selección musical sumamente elaborada. Pero si analizamos su calidad como ser humano, dejaba mucho que desear. No era considerado ni noble; era una persona complicada y nuestra amistad terminó en un conflicto físico tras el cual no lo volví a ver. Gran oído, pero un pésimo amigo.

Tengo otro caso reciente con una conocida que también tenía muy buen gusto musical, pero resultaba ser una persona profundamente egoísta. En una ocasión salimos y me pidió que le consiguiera sustancias ilícitas. Por mi afán de agradar, estuve a punto de ceder, pero me detuve a reflexionar en lo desconsiderado de su petición: ella sabía perfectamente que estoy en un proceso de recuperación y sobriedad. Fue una falta total de respeto hacia mi salud y mi vida. Decidí cortar esa relación por completo y no me arrepiento, pues siempre era yo quien aportaba todo el esfuerzo.

La conclusión a la que llego es que un nivel alto de apreciación artística no garantiza en absoluto un alto valor como ser humano. Hay gente con gustos muy sencillos o populares que posee una enorme nobleza, mientras que personas con una cultura musical privilegiada pueden ser destructivas y desconsideradas.

Reconocer esto me da una nueva perspectiva sobre mi propia persona. Aprecio la buena música, pero eso no me hace superior a los demás. El arte complejo puede afinar el oído, pero definitivamente no te convierte automáticamente en una buena persona.

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