Razones Ocultas

Era hace una vez un Lunes en el paraíso. Y sí, incluso en la eternidad los lunes tienen esa vibra pesada donde los ángeles toman su café celestial doble para arrancar la semana, sacudiéndose las plumas y puliendo sus aureolas con un trapito de microfibra divina.

Esa mañana en la sala de juntas de la Santísima Trinidad, Dios había convocado a sus directivos principales para la reunión de estatus semanal sobre los avances del "Plan Perfecto". El ambiente era relajado. Las nubes ergonómicas estaban en su punto exacto de esponjosidad y había donitas glaseadas con maná esparcidas en la mesa de cristal.

El primero en pasar al pizarrón fue el Arcángel Miguel, Comandante Supremo de las fuerzas armadas.

—Señor —comenzó Miguel, proyectando unas diapositivas holográficas—, me complace reportar la creación de una nueva línea de criaturas para la milicia celestial. Son Querubines Tácticos de Asalto: vienen equipados con alas de fibra de carbono para mayor aerodinámica, visión infrarroja para detectar demonios a larga distancia y unas espaditas láser de luz divina que están padrísimas.

—¡Espléndido, Miguel! —dijo Dios, asintiendo con orgullo—. Esos demonios no sabrán qué los golpeó. Buen trabajo protegiendo el reino.

Luego fue el turno del Arcángel Gabriel, el encargado de las telecomunicaciones y la mensajería celestial.

—Jefe, yo vengo a reportar una actualización en el Watsap Celestial —dijo Gabriel, sacando su smartphone de oro puro—. Acabo de inventar algo llamado "Stickers". Son como jeroglíficos modernos pero con movimiento y frases chistosas para que los ángeles de la guarda se comuniquen más rápido sin tener que teclear tanto mientras cuidan humanos.

—¡Me fascina, Gabriel! —rio Dios, aplaudiendo—. El sticker del perrito bendiciendo que mandaste al grupo ayer estuvo bárbaro. Estoy muy contento con este avance. Tienes tu bono de santidad asegurado este mes.

El ambiente era de puro triunfo corporativo divino. Entonces, desde el fondo de la sala, se levantó Satanás. En ese tiempo, él era el querubín más hermoso, el director de alabanza y el encargado absoluto de la música y las artes sonoras en el cielo. Caminaba con un flow innegable, con una carpeta bajo el brazo y una sonrisa de confianza extrema.

—Mi Señor —dijo Satanás, aclarando su garganta de barítono perfecto—. Lo que mis compañeros han presentado es lindo, sí, pero yo vengo a revolucionar la civilización humana. Vengo a presentar el futuro acústico del Plan Perfecto. Un género musical diseñado para conectar a las masas terrenales con su lado más instintivo.

Dios se inclinó hacia adelante, intrigado. —¿De qué se trata, muchacho?

Satanás chasqueó los dedos y una pista de audio empezó a sonar en la sala de juntas celestial. Era un compás repetitivo, pesado, machacante. Pum-pa-pum-pa. Pum-pa-pum-pa.

—Lo llamo... el Reguetón —anunció Satanás, moviendo los hombros al ritmo de la pista—. Es sencillo, patrón.

Dios arrugó el ceño cósmico. —¿Qué es ese ruido de lavadora descompuesta? ¿Y dónde están las armonías? ¿Los violines? ¿El contrapunto?

—¡Esa es la genialidad! —se justificó el diablo, gesticulando apasionadamente—. No necesitamos tanta teoría musical. Este ritmo fomenta la multiplicación de la especie humana que usted tanto nos pide. Los pone a hacer algo llamado "perreo", que es una danza ritual de frotamiento que ahorra energía calórica. Además, ¡las letras son súper pegajosas!

—Satanás... acabo de leer tu propuesta de letras —dijo Dios, poniéndose los lentes para leer—. ¿Qué clase de rima es "mami" con "Miami"? ¿O "gata" con "bata"? Esto es un insulto a la inteligencia humana que tanto me costó diseñar. ¡Estás destrozando el lenguaje!

—Pero Señor, ¡es para que los jóvenes se desestresen! Es inclusivo, no necesitas saber cantar para hacerlo, solo necesitas un micrófono con autotune y actitud. Es la evolución natural de la música...

—De ninguna manera —lo interrumpió Dios, con la voz resonando como un trueno—. Eso carece de alma. Promueve la decadencia neuronal. ¡Rechazado!

La tensión en la sala se cortaba con una espada de luz. Los demás arcángeles guardaron silencio. Satanás, con su enorme ego herido y la frustración a tope, perdió los estribos. Golpeó la mesa de cristal.

—¡Pero patrón, usted no entiende, tendremos éxitos como la gasolina y tití me preguntó! —gritó el ángel caído, defendiendo su obra maestra con fervor ciego.

Dios se puso de pie. La luz de su rostro iluminó todo el cielo, cegando a los presentes.

—¡Que no! Y por tu insolencia te voy a desterrar al infierno para que escuches tu reguetón en decadencia todo lo que quieras.

Y con un simple gesto de su mano, el piso de nubes se abrió. Satanás cayó en picada, gritando y soltando sus partituras llenas de ritmos latinos básicos, cayendo por toda la eternidad hacia el abismo.

Cuando las puertas del cielo se cerraron, Dios se volvió a sentar, se frotó las sienes y suspiró profundamente. Se quedó pensativo por un momento.

—Lástima —murmuró Dios para sí mismo—. El muchacho tenía talento. Hay que admitir que fue atinado con el Rock y el Metal. Esas cosas de Black Sabbath y Led Zeppelin no estaban tan mal, le daban carácter y rebeldía a los humanos... pero definitivamente, este ruidajo del reguetón no era parte del plan perfecto.

Desde entonces, las fuerzas del mal y la oscuridad se han retorcido con ritmos reguetonianos por mucho tiempo. En las profundidades del averno, rodeado de bocinas con el bajo saturado y luces de neón parpadeantes, el diablo se repite diariamente:

—Mejor reinar en el infierno que servir en el cielo... por lo menos la música aquí está más chida.

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