Las palmeras del Tikkun

Llevaba toda la mañana buscando el pretexto o la chispa exacta para subir algo al blog, hasta que entendí que la inspiración no siempre te agarra trabajando, pero sí te tiene que agarrar escribiendo. Hace unos días me topé con un pensamiento de Akira Kurosawa sobre el oficio de escribir. Él mencionaba que la característica más importante para un creador, por encima del talento puro, es la constancia. Decía que si te disciplinas a tirar dos o tres páginas diarias, tarde o temprano el volumen de trabajo supera el bloqueo. Vale más la producción constante que quedarse paralizado buscando el golpe de genialidad perfecto. Hoy decido tomar ese consejo y jugar a los números: entre más le dé a la tecla, más probabilidad hay de que brote algo con verdadera sustancia. Al final, la cantidad tiene su propia forma de calidad.

Entrando en materia, hay algo que he querido abordar desde hace tiempo. La realidad que experimentamos es un fenómeno absurdamente raro. Se dice que el cerebro humano es el objeto más complejo del universo —curioso que esa afirmación venga del propio cerebro—, pero aun con toda su arquitectura sofisticada, nuestras capacidades de percepción son brutalmente limitadas.

Tengo grabado a fuego un recuerdo que me ha dejado en cierta incertidumbre durante años. Estaba comiendo con mi papá en la casa y, al mirar por la ventana hacia la fachada del vecino de enfrente, noté algo que me sacudió por completo: dos palmeras extremadamente altas. El problema es que en el archivo de mi memoria, esas palmeras no estaban ahí el día anterior. Pasé muchísimo tiempo dándole vueltas a ese evento, repasando mentalmente años de recuerdos donde esa acera estaba completamente vacía. Cuando se lo comenté a mi padre, se limitó a decirme entre risas: “Sí, cómo no, parece que las plantaron ayer”.

Sé bien que mi cerebro ha pasado por tormentas pesadas entre sustancias y episodios psiquiátricos, pero en mi brújula interna, en mi mapa más intuitivo, esas palmeras no pertenecían a ese lugar.

En mis búsquedas espirituales he explorado el misticismo y la metafísica. Hay un concepto en la Kabbalah conocido como Tikkun, el cual plantea que cuando una persona realiza una corrección o rectificación espiritual profunda, la realidad misma —pasado, presente y futuro— puede reordenarse. Hay un relato antiguo que ilustra este principio:

Estando el Maestro sentado con sus discípulos junto a una de las puertas de la muralla de Jerusalén, vieron pasar a un hombre con su saco de herramientas dirigiéndose al campo a cortar madera. El Maestro lo miró y dijo a sus discípulos: “Ese hombre hoy se enfrentará con su muerte”.

Pasaron las horas y el hombre regresó de su faena con un atado de leña. Uno de los discípulos le reclamó al Maestro que se había equivocado, a lo que él respondió: “Tal como les dije, ese hombre iba a encontrarse con su muerte, pero en el camino halló a un mendigo hambriento y compartió su almuerzo con él. Sin saberlo, ese acto cambió su destino. Vayan, pídanle que abra su saco y comprueben por ustedes mismos”. Al abrir la bolsa, los discípulos hallaron una serpiente venenosa escondida entre las herramientas.

Teniendo esta perspectiva en mente, a veces me pregunto qué clase de Tikkun o movimiento interno habré activado en aquel momento para que esas palmeras aparecieran en la casa del vecino. Claro que esto no busca tener un rigor científico ni pretendo que se tome como una verdad absoluta; son ideas y marcos de pensamiento ancestrales que han cruzado generaciones, y que curiosamente encuentran ecos lejanos en ciertas hipótesis de la física teórica sobre multiversos o realidades paralelas.

Lo cierto es que la mente humana tiene formas fascinantes de procesar la experiencia. Sentir esa grieta en la continuidad, como un déjà vu desmedido donde percibes que algo en el entorno no encaja del todo, es una vivencia estremecedora y profunda.

Al final, de una u otra forma, las palmeras me gustan y ahí se quedaron. Espero que esta reflexión les resene.

Les dejo una rolita con el mismo nombre para acompañar el texto: Palmeras(YouTube).

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