No te enredes con las Swifties

La industria musical hoy en día no es arte, es logística de consumo. Es una fábrica de salchichas emocionales diseñadas por comités de marketing para que los NPCs tengan algo que tararear mientras ignoran el vacío de sus existencias. Todo es "pop corn", todo es desechable, todo está pasteurizado para que nadie se ofenda y todos compren la misma playera hecha en China.

El problema no es que la música sea simple; el problema es la falsedad. Vivimos en una era donde la apariencia devoró al talento. Los que posan y solo posan, son los que derrochan, mientras la música que te hace vibrar el código genético tiene que sudar sangre para ser escuchada entre tanto ruido comercial.

El Experimento del Error: Bumble, Gatos y el Eras Tour

Hace algo de tiempo, por andar de "misionero" en Bumble, conecté con una morra muy guapa. Todo fluía, el match parecía real, hasta que soltó la bomba: era una Super Swiftie.

Yo, que he pasado por infiernos reales y he visto la luz en la sobriedad, decidí bajar la guardia. "Vamos a darle una oportunidad al sistema", pensé. Me aventé tres discos completos de Taylor Swift. Tres. Eso es más de lo que cualquier sistema operativo estable debería procesar. Pero la cereza del pastel fue la invitación al "The Eras Tour" en el Cinépolis de aquí de Victoria.

Tres horas, Tres horas viendo a una multitud de morras (y tipos que, como yo, solo querían quedar bien) intercambiando friendship bracelets. Yo traía el mío puesto, fingiendo demencia, aplicando la misma que cuando digo que me gustan los gatos solo por gancharme a la chica (cuando todos sabemos que un perro es mil veces más leal y real). Me sentía como un infiltrado en una secta de optimismo barato.

El Despertar: Nadie se atreve

Al final, la pregunta inevitable llegó por parte de la chica: “¿Qué te pareció la música de Taylor, Chino?”.

En ese momento, el filtro de "quedar bien" se rompió. Mi cerebro no proyectaba coreografías de pop azucarado; proyectaba una verdad de Cultura Profética. Le dije la neta: mientras escuchaba ese pop empaquetado, no dejaba de sonar en mi cabeza "Nadie se atreve".

Porque, seamos honestos, ya nadie quiere decir nada. Generalizar es gacho, pero ya no aguanto este sentir: hay tanta música buena allá afuera, tanto arte puro que se mantiene real, y lo que se vende es pura basura que da vergüenza ajena. Me sentí sucio usando ese brazalete de la amistad en un templo de la música comercial.

Como dice la canción:

"Hay tanto pop que he vomitado pop... pop realmente me hace daño".

Si vas a conectar con alguien, asegúrate de que su playlist no sea un producto prefabricado por una corporación. La vida es muy corta para escuchar música de plástico y fingir que te gustan los gatos.

Por cierto despues de que le mande la cancion de cultura profetica a la swiftie la escucho y me dejo de hablar xD

Sean auténticos, cracks. No sean NPCs.

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